MANUEL MEJIA VALEJO...

(Jericó, Antioquia, 1923 - El Retiro, Antioquia, 1998) Escritor colombiano. Su obra narrativa describe la violencia civil (La tierra éramos nosotros, 1945; El día señalado, 1964, premio Nadal) o los ambientes populares urbanos (Al pie de la ciudad, 1958; Aire de tango, 1973). En 1989 obtuvo el premio Rómulo Gallegos por su novela Años de indulgencia.

La niñez de Manuel Mejía Vallejo transcurrió en el campo, en la zona rural de Jardín, junto a sus padres Alfonso Mejía Montoya y Rosana Vallejo. En 1940 se trasladó a Medellín, y en 1943 terminó el bachillerato en la Pontificia Universidad Bolivariana. Para ese entonces mostraba una clara inclinación por la literatura, pues desde los trece años ya escribía a su madre largas cartas de sorprendente estilo y había publicado algunos poemas en el periódico estudiantil El Tertuliano. Como muchos de los grandes escritores, era amigo de la bohemia, que compartía con el poeta Carlos Castro Saavedra, Edgar Poe Restrepo, Óscar Hernández y Alberto Aguirre.

AIRE DE TANGO

 

Aire de tango de Manuel Mejía Vallejo es una novela publicada en 1973. Así queremo en la obra, traer en ella el  narrador anónimo (Ernesto Arango),  cuenta algunos aspectos de la vida de Jairo, un cuchillero del barrio Guayaquil de Medellín, que nace el mismo día de la muerte de Gardel en un accidente aéreo en la capital antioqueña, el lunes 24 de junio de 1935. En medio de su vida violenta, en la que la muerte está siempre al acecho, Jairo desarrolla un afecto especial por Gardel, muy parecido a la idolatría: guarda apuntes de periódicos y revistas que hablan sobre la vida del cantante, se imagina momentos de vida que han quedado en el silencio, y hasta actúa como lo haría el argentino. El narrador lo sigue en estos devaneos y se convierte en el cómplice no solo de las noches en medio del tango, sino también de las peleas de Jairo, porque el narrador es quien recoge los cuchillos una vez terminados los combates. Pero en ese Guayaquil criminal, las traiciones por la lucha del poder se hacen cotidianas; por eso el narrador confiesa en medio de los aguardientes, que él mismo fue quien asesinó a su amigo Jairo, tan sólo para ganar un territorio propicio para el crimen.

Lo que tal vez es más evidente en la novela es la mitificación de Carlos Gardel: de él se aprecia su capacidad para emerger de la pobreza, de hacerse a un nombre (su verdadero apellido es incierto), de fraguarse una vida juvenil de pícaro de la que finalmente lo redime su voz, de amar con vehemencia y volcar todos sus fracasos en el tango. Gardel vive en la novela como un icono del individuo de barriada que se ve reflejado no sólo en sus composiciones sino también en la vida que experimenta: la novela lo muestra como la materialización de la esperanza de quienes, desde las raíces populares y la agitada vida de cuchilleros, creen que pueden correr la misma suerte del rey del tango y superar las vicisitudes de una existencia aciaga.