Soñar en el arte el cielo.

Ya era hora de volar y poner mis alas cerquita al cielo, o cerquita a esa nube donde contemplamos el arte de saciarnos de misterio, o conseguir flotar, o soñar que estaba llegando al sosiego de buscar un rincón en el grupo donde la vida cabe en ladridos, maullidos y trombones.

Qué manera oblicua de llegar hasta la punta del parque, fumar y observar el perro que toca el violín destartalado, así me gusta más como suena. El perro que pinta cada día mi cara, cada vez la pinta más triste, llena de preguntas que, al final de la tarde le hago y el muy tonto solo ladra; él se pelea mucho con el del violín porque dice que ocupa mi espacio, pero está al otro lado de la banca y siempre que me ve llegar abre un lugar para que yo pueda descansar. Alguna vez el gato que tocaba el trombón, el que adoraba a Curtis Fuller e intentaba tocar siempre para mí “All the things you are”, me contaba que era tan extraña la idea del arte que cada uno daba. El uno creía que la tristeza era esencial, que era imposible pintar alegrías, o si quiera, imaginar una nube que no nos llevara a la melancolía, él vivía triste; El otro, creía que lo más importante era soñar, buscar la imagen perfecta para llegar al cielo, que para nosotros es el principio de la llama que abría el alma, que así podría amar y esperar, más esperar que amar. Para él, el arte era una cuestión de huida, de observar detrás de los árboles cómo caían las hojas secas, reírse y seguir tocando.

Yo los escuchaba, y aceptaba sus definiciones; me parecían correctas y cada vez estaba atándome a esas ideas, así muchos dijeran que no era eso, ¿qué cómo podría alguien sacar semejantes cosas? Cuando empezaba la noche, busqué una definición, no podía quedarme atrás, yo era el anfitrión y todos quedaron mirándome, esperando una respuesta, así que lo concreté en que, el arte, es memoria, vida y salvación.

Cuando estaba acercándose la hora de huir, una chica de cabello corto se acercó, preguntándome qué hacía siempre ahí, le contesté que trataba de definir el arte, se entusiasma y me pregunta las definiciones, yo estaba feliz, muy feliz de que por fin, pudiera contárselas a alguien, junté la de los dos perros y el gato, siempre tenía que citarlos.

Estás loco, no ha llegado ningún perro ni gato, es imposible.

Ellos viven siempre, nunca has encontrado el verdadero cielo.


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