LA MUERTE


Hoy me ha invitado la muerte a su baile,

Me ha mostrado bombillas suavemente explosivas;

Las primeras, ocultaban el despertar de la voluntad,

Y las últimas, como navajas cósmicas, penetraban las carnes de sus vigilantes.


Hoy, se me presentó custodiada por moscas y pálidas tristezas,

Levantaba sus manos hacia la Luna, y me entregaba sus alas,

Se acercaba y me rodeaba,

Mientras su sombra, marchaba en dirección contraria.


Ella, medio loca, medio vieja,

Intenta borrar mis cantos,

Y entre cipreses, mecía sus preguntas,

¿En cuál caracol se revelará el eco vivo?


Me grita,

Me golpea,

Me estampa frente al espejo,

Me lanza al vacío.


¿Acaso no soy inmortal?

¿Acaso no soy el conjurador feroz de la belleza?

No quiero el peso de los carbones,

Ni ampollas en los pies, ni miradas incrédulas.


Amanece y acepto su carta,

Y entre bocanadas de humo,

Zumban las balas,

Entre luces y adioses, revuelco besos en la tumba del deseo.


Y en esta curiosa experiencia de la muerte,

Y entre risas,

Olvido el cielo y el infierno,

Y me acojo a la idea de ser fugaz.