Tarde de lunes

I. Puede verse desierta la plaza principal,

ni las palomas, ni los perros, todos han dejado este lugar,

a merced del viento, y del tiempo,

del descarado tiempo que cada vez camina más lento,

y que siempre se arrepiente de lo que no pudo,

porque sabe que ni él, siendo el tiempo mismo, puede volver atrás.


II. Gritan las almas en pena, o puede ser el viento silbando,

pero después de unos meses sin que haya quien los escuche,

deciden parar, es lo mejor. Ya gritarán las almas, o silbará el viento,

cuando al menos las palomas vuelen de nuevo alrededor de toda la plaza, siendo perseguidas por perros hambrientos,

que creen que pueden saltar tan alto como para alcanzarlas,

y que van por ahí chocándose con las personas,

algunas que ríen, otras que se enojan.


III. Caen gotas de agua, unas delgadas y otras gordas,

y van mojando la plaza, porque es lo único que pueden mojar,

no hay palomas, ni perros, ni gente,

se acaba un día, un mes, un año, y comienza otro nuevo,

y la plaza, y la lluvia, y el viento, y las almas,

siguen esperando a que regresa la vida,

pero la vida ya ha decidido no regresar.